CURSO  BÍBLICO  PARROQUIAL

CLASE No 1. JESUCRISTO, LA PALABRA DE DIOS.

CLASE No 2. LA PALABRA DE DIOS EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

CLASE No 3. LA BIBLIA, LA PALABRA ESCRITA DE DIOS.

CLASE No 4. BREVE DESCRIPCIÓN DE LOS LIBROS DEL  AT  y  NT.

CLASE No 5. LA INTERPRETACIÓN DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

CLASE No 6. LA ORACIÓN Y LA LECTIO DIVINA.

CLASE No 7. DIOS PADRE TODO PODEROSO EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

CLASE No 8. PROFECÍAS SOBRE EL PRIMER ADVENIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

CLASE No 9. EL ESPÍRITU SANTO EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

CLASE No 10. LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

CLASE No 11. LA IGLESIA CATÓLICA EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

CLASE No 12. LOS SACRAMENTOS EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

CLASE No 13. EL PENTATEUCO.

CLASE No 14. LOS LIBROS HISTÓRICOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

CLASE No 15. LOS LIBROS SAPIENCIALES DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

CLASE No 16. LOS LIBROS PROFÉTICOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

CLASE No 17. EL EVANGELIO DE SAN JUAN.

CLASE No 18. LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS.

CLASE No 19. EL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES.

CLASE No 20. LAS CARTAS PAULINAS.

CLASE No 21. LAS ÚLTIMAS CARTAS DEL NUEVO TESTAMENTO.

CLASE No 22. EL APOCALIPSIS DE SAN JUAN.

CLASE No 23. LA APOLOGÉTICA O LA DEFENSA DE LA FE.


CLASE No 1. JESUCRISTO, LA PALABRA DE DIOS

La palabra Jesús significa Yahvé salva. La palabra Cristo significa ungido. El término ungir, tomado del latin úngere, significa elegir a alguien para un cargo importante, como era el caso de los sumos sacerdotes o los reyes en la región de Palestina del siglo I. La palabra Cristo tiene su raíz en un vocablo hebreo, el cual significa mesías. La expresión Jesús Cristo significa, literalmente, Jesús el Mesías. Jesucristo es el ungido de Dios, Jesucristo es el Mesías prometido desde el antiguo testamento. Jesucristo es Nuestro Señor y Salvador. Jesucristo es verdadero hombre y verdadero Dios. Como verdadero hombre, Cristo muere en una cruz para salvarnos. Como verdadero Dios, Cristo resucita y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. Para entenderlo lee:

San Lucas 9, 22.

San Juan 8, 54.

San Juan 10, 29 - 30.

Jesucristo es el Hijo de Dios. Jesucristo es el Verbo de Dios. Jesucristo es la palabra de Dios hecha carne. Para entenderlo, lee lo que está escrito a continuación:

“En el principio era el Verbo, y frente a Dios era el Verbo, y el Verbo era Dios. Él estaba frente a Dios al principio. Por Él se hizo todo y nada llegó a ser sin Él, y para los hombres esta vida es la luz. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no pudieron vencer la luz. Vino un hombre de parte de Dios: Este se llamaba Juan. Vino para dar testimonio; vino como testigo de la luz, para que, por él, todos creyeran. No era él la luz, pero venía como testigo de la luz. Porque la luz llegaba al mundo, la luz verdadera que ilumina a todo hombre. Ya estaba en el mundo y por Él se hizo el mundo, pero este mundo no lo conoció. Vino a su propia casa y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, les concedió ser hijos de Dios: Estos son los que creen en su Nombre. Pues aquí se nace sin unión física, ni deseo carnal, ni querer de hombre: Éstos han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros: Hemos visto su gloria, la que corresponde al Hijo Único cuando su Padre lo glorifica. “En Él estaba la plenitud del Amor y de la Fidelidad. Juan dio testimonio, pues proclamó: Es éste del que les decía: Él viene después de mí, pero ya está delante de mí porque era antes que yo”. Esa plenitud suya es de la que todos recibimos en una sucesión de gracias y favores. Dios nos había dado la Ley por medio de Moisés, pero por Cristo Jesús llegó el Amor y la Fidelidad. A Dios nadie lo ha visto jamás; pero está el Hijo, el Único, en el seno del Padre: Él lo dio a conocer”
San Juan 1, 1 - 18

Dios era, es y será siempre en el principio. Si queremos entender por qué Dios creó el mundo, simplemente, debemos saber que en este principio, que para Dios no pasa, Dios era como la fuerza incontenible y eterna del amor. Dios manifestó su inmensa generosidad y engendró a su Hijo, de sí mismo en sí mismo. Dios es el Padre por cuanto engendra a su Hijo. En el Hijo, el Padre contempla su propia imagen y su propio poder: “En el principio era el Verbo, y frente a Dios era el Verbo, y el Verbo era Dios. Él estaba frente a Dios al principio”.

El Hijo es igual al Padre en dignidad y poder. San Juan nos habla del Verbo de Dios. El término Verbo, en este caso, significa palabra, pensamiento. Jesucristo es la palabra de Dios que se encarna en el seno virginal de María santísima para hacerse hombre. El Hijo es el resplandor del Padre. El Hijo no es una parte de Dios. El Hijo no es otro Dios, pues todo lo que tiene el Hijo es del Padre y todo lo que tiene el Padre es del Hijo. El Hijo es Dios al igual que el Padre. Dios crea el universo por y para el Verbo: “Por Él se hizo todo y nada llegó a ser sin Él, y para los hombres esta vida es la luz”. Dios es el autor de la vida. Nuestro Señor Jesucristo es la luz del mundo. Nadie tiene vida en sí mismo sino está unido a Nuestro Dios y Salvador Jesucristo. Para entenderlo lee:

San Juan 8, 12

Apocalipsis 22, 16

San Juan 15, 1 - 8.

Dios envió a Juan el Bautista para dar testimonio de la luz. Esta luz es el mismo Cristo. Pero los hombres prefirieron la oscuridad del pecado, porque todo aquel que disfruta vivir en el pecado no se acerca a la luz para que no se vean sus malas obras: “Vino un hombre de parte de Dios: Este se llamaba Juan. Vino para dar testimonio; vino como testigo de la luz, para que, por él, todos creyeran. No era él la luz, pero venía como testigo de la luz. Porque la luz llegaba al mundo, la luz verdadera que ilumina a todo hombre. Ya estaba en el mundo y por Él se hizo el mundo, pero este mundo no lo conoció. Vino a su propia casa y los suyos no lo recibieron”.

San Juan usa la palabra “carne” para subrayar el rebajamiento de Dios, que siendo espíritu se hizo hombre con cuerpo mortal. San Juan escribe “se hizo”. San Juan no escribe “tomo la apariencia de hombre”. El Hijo de Dios se hizo verdadero hombre, en todo igual a nosotros, excepto en el pecado. San Juan también escribe “Habitó entre nosotros”. Textualmente, San Juan escribe “Levantó su tienda entre nosotros”. Con esta expresión, el evangelista conmemora la tienda de las citas que servía de santuario a los hebreos durante la travesía de cuarenta años por el desierto en tiempos de Moisés (Leer Éxodo 33, 7 - 11). En realidad, el Hijo de Dios hecho hombre, Nuestro Señor Jesucristo, es el verdadero templo de Dios entre los hombres.

Efectivamente, los apóstoles vieron la gloria de Jesucristo en algunos momentos de su vida mortal. Más aún vieron su gloria en la resurrección del Señor: “Hemos visto su gloria, la que corresponde al Hijo Único cuando su Padre lo glorifica” (Leer San Lucas 9, 28 - 33). Jesucristo es aquel que nos concede ser hijos adoptivos de Dios. Somos hijos adoptivos de Dios por el mismísimo Hijo del Padre, siempre que creamos en su Nombre, es decir, en su naturaleza divina. Aquí no se nace de unión física, ni a través del deseo carnal. Aquí se nace del Señor y dador de vida, el Espíritu Santo, que se recibe en los sacramentos de la Iglesia. La Iglesia que es: Una, santa, católica, apostólica y romana. Por eso está escrito “Pero a todos los que lo recibieron, les concedió ser hijos de Dios: Estos son los que creen en su Nombre. Pues aquí se nace sin unión física, ni deseo carnal, ni querer de hombre: Éstos han nacido de Dios”.

Jesucristo es fiel y verdadero. Si la ley nos fue entregada por Moisés, en Cristo Jesús se encuentra la plenitud de la ley que es el amor. En esto consiste la misión y el amor de Cristo, en dar a conocer el rostro amoroso del Padre y en entregar su propia vida por nosotros cuando aún éramos pecadores: “Dios nos había dado la Ley por medio de Moisés, pero por Cristo Jesús llegó el Amor y la Fidelidad. A Dios nadie lo ha visto jamás; pero está el Hijo, el Único, en el seno del Padre: Él lo dio a conocer”. Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Jesucristo es el camino al Padre. Jesucristo es la verdad, contenida en los evangelios y en todo el conjunto de las sagradas escrituras. Jesucristo es la vida. No existe vida eterna por fuera de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo (Leer San Juan 14, 4 - 7).

Jesucristo es el buen pastor. El buen pastor es aquel que entrega su propia vida por sus ovejas. Las ovejas son los hombres y las mujeres de buena voluntad que a lo largo de los siglos han cumplido la santa voluntad de Dios, la cual ha sido anunciada en las sagradas escrituras bajo el magisterio de la Iglesia Católica (Leer San Juan 10, 7 - 14). El magisterio de la Iglesia Católica se encuentra en el Catecismo Mayor escrito por San Pio X.

Jesucristo es el pan de vida. La eucaristía es el sacramento de nuestra fe. Nuestra fe es trinitaria. Creemos en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Tres personas distintas en un solo Dios verdadero. Jesucristo es sacerdote, víctima y altar. El sacerdote es el que hace el puente entre Dios y los fieles. Jesucristo es el puente entre Dios y los hombres. Jesucristo es el sumo y eterno sacerdote. Jesucristo es la víctima perfecta que reconcilia a Dios con los hombres. Jesucristo es el Cordero de Dios que se inmola en el altar de la cruz para salvarnos de la muerte que no conoce ocaso, la muerte eterna. Para entenderlo lee:

Carta a los Hebreos 4, 14.

San Juan 10, 17 - 18.

Carta a los Filipenses 2, 6 - 11.


TALLER CLASE No 1


Leer Carta a los Romanos 5, 12 - 21
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